
¿Quién va al colegio, los niños o yo?
(Nota. Este blog lo tengo escrito hace tiempo como verán, pero no he tenido el minuto para publicarlo. Ahora sí. Estamos en noviembre y se viene el fin de año con características similares a las de la historia que leerán a continuación.)
Que los niños vayan al colegio es un derecho y una obligación para ellos ¿cierto?. Pero lo que para los padres es una chochera absoluta, termina convirtiéndose a veces en un trabajo casi más arduo que el que teníamos cuando nosotros íbamos al colegio. Ahora mi vida es una constante alerta y preocupación para cubrir todos los frentes en los cuales me desenvuelvo. Primero y sin seguir un orden de prioridades, está el trabajo. Luego la casa, que esté bien aprovisionada, hacer la compra una vez al mes además de las verduras y frutas todos los domingo (en la feria más encima), que esté ordenada, cosa que me cuesta terriblemente. Después, los niños, que estén sanos, que tengan ropa, que tengan donde jugar, que no vean mucha tele, que se alimenten bien, que no coman mucha chatarra etcétera. A eso, hay que sumarle los compromisos sociales que ya tienen estos pirigüines que son básicamente los cumpleaños y las convidadas a otras casas. En el caso de los cumpleaños, de verdad que me encantaría ser “matea” y tener varios regalos, ya envueltos y para cada género guardados en un closet, pero por supuesto que no los tengo por lo tanto termino a última hora comprándolos. Y con los niños no se puede decir “te lo llevo el lunes” o “te lo quedo debiendo”. Este viernes Laura tiene un cumpleaños y Benito el sábado, espero comprarlos hoy y con calma (obviamente y ahora que vuelvo a leer esto, los compré a última hora y corriendo a 120 km/h). Las convidadas a otras casas o que los niños vayan a la mía ya se ha hecho parte de la rutina también, entonces hay que apretar la agenda para ir a dejarlos o a buscarlos. Laura tuvo su primera invitación (se invitó sola en realidad) el viernes pasado. Corrí como loca por una serie de descoordinaciones largas de detallar, el tema es que mientras Benito en una casa y Laura en otra, yo fui al supermercado. Igual fue raro saber que cada uno estaba en lugares distintos. ¡Están tan grandes!.
Bueno pero me desvié un poco del tema porque en realidad para qué decir el colegio todo el trabajo que me da. Lo que es una chochera total y con lo que los niños lo pasan increíble, para mí es un correr para arriba y para abajo. La fiesta del “18” fue todo un evento. Disfraces para Benito y Laura, los que me preocupé de mandar a hacer y comprar con tiempo pero por supuesto que a última hora surgió algo que terminó por estresarme. Benito dos días antes de la fiesta se enfermó y no supe si iría o no, por lo que terminé comprándole un pantalón de huaso la noche anterior cuando lo vi muy animado. Al llegar a la casa me acordé ¡de la colación de Benito! Resulta que había que mandar algo chileno y a la sala de Benito le tocó la zona central: pastel de choclo, empanadas, pan amasado. Partí de vuelta al supermercado y compré dos potes de pastel de choclo para no ser tan fome y llegar con pan. Vuelta a la casa a terminar el disfraz de la Laura (que nos quedó súper lindo) pero lo terminamos tipo 11 pm. A la mañana siguiente Benito estaba de lo más dicharachero y la Laura igual así que me costó un mundo vestirlos (con el disfraz). Llegué al colegio y los niños súper revolucionados, yo como loca con los pasteles de choclo y con la Laura de la mano. Las tías me dicen ¿cómo estás?! Y yo uf!!! Y me dicen por qué tanto… yo bueno, no sé tanta cosa… Ellas heroicas en realidad teniendo que coordinar todas las colaciones, los niños, los gritos… En fin de ahí a la pega y después cuete al jardín al acto de la Laura, exquisita deliciosa ella. Vuelta a la pega. Fin del “18”, vacaciones para los niños pero gracias porque también para mí.No contentos con tanta celebración, ahora están en la “Semana del colegio” así que actividades varias. Laura hoy tenía que llevar una “foto entretenida” de la familia. Por supuesto que nos sacamos la foto ayer en la noche y llegué a Kodak un minuto antes de que cerraran para imprimirla. La terminamos y quedó bastante entretenida así que hoy Laura se fue feliz con su foto, es más, se despertó y bajó con la foto. Por mientras Benito cuidaba a “Chocolate”, una mascota de peluche que tienen en su sala y que es parte del programa “Ser Humano” (una cuestion nueva, creada en Argentina y que el colegio adaptó, la idea es que aprendar a ser niños buenos, sanos y entregados a los demás). Los niños lo quieren mucho y que visite nuestra casa es todo un acontecimiento, así que mientras inventábamos la foto, había que darle comida a “Chocolate”, ponerle el pijama y sacarle fotos también para luego ponerlas en una especie de bitácora que llevan en la sala con todas las casas que ha visitado. Benito está feliz, así que hay que ponerle color, hacerle cariño a “Chocolate”, acostarlo etc, como si fuera un hijo más y si uno no le presta la atención debida, Benito se encarga de hacerte sentir muy mal. Hoy dejamos a “Chocolate” en casa y al llegar al colegio Benito le contó inmediatamente a la tía que “Chocolate” había tomado la leche y había comido tallarines. Estaba tan contento y la Laura creo que se sentía orgullosa de su foto que en realidad, todo el esfuerzo vale la pena pero por favor!! Alguna tarea más….¿¿¿¿????
